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Cada vez que alguna lesión de football aparece en las noticias, las personas comienzan a hablar acerca de la seguridad de los jugadores. Contusiones y muchas otras lesiones que disminuyen la calidad de vida hacen que muchos se pregunten si realmente vale la pena. Otros formulan la pregunta más obvia: “Si saben que el juego está afectando su salud y haciendo sus vidas más cortas, ¿por qué continúan jugando?”

La respuesta, es que muchos atletas profesionales están completamente dementes. Permítanos mostrarles algunos ejemplos.

#5. El jugador de la NFL Ronnie Lott se amputa el dedo para continuar jugando

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No es necesario estar loco para jugar en la zona defensiva donde “las lesiones son un símbolo de debilidad”, pero sin duda una persona en su sano juicio no jugaría ahí. Como prueba de esto, tenemos al jugador de los 49ers, el gran Ronnie Lott. En 1985, Lott perdió su dedo meñique, o para decirlo más claramente, explotó en una tremenda colisión de cascos.

En esta situación la mayoría de los hombres normales se hubieran desmayado o hubieran salido corriendo y llorando hacia la sala de emergencias más cercana. Pero Lott sabía que una cirugía para reparar su dedo habría terminado definitivamente con su temporada — debes dejar que una herida tan superficial como esa se cure por sí sola.  Y Lott definitivamente no es el tipo de hombre que deja que un dedo astillado y sangrante evite que continúe defendiendo su posición y al mismo tiempo repartiendo más dolor que el recibido entre los contrarios.

Así que, simplemente se arrancó lo que colgaba del dedo y continuó como si nada hubiera sucedido. Porque los dedos meñiques son para niñas, no para atletas multimillonarios.

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“¿En qué estábamos?”

Circula la leyenda de que Lott se amputó el dedo dentro de los vestidores justo después de sufrir la lesión, cuando en realidad esperó algunos días para hacerlo por completo, tal vez pretendía mostrárselo a sus sobrinos para entretenerlos. Sea como fuera, Lott terminó la temporada, y pasó el resto de su vida sin la mitad del dedo meñique:

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#4. El jugador más valioso del año, Terrell Davis se queda ciego y gana el Super Bowl

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Domingo de Super Bowl, 1998. Los Broncos de Denver superaban a los Empacadores de Green Bay, la victoria en el gran juego se apoyaba sobre las piernas del corredor Terrell Davis. Es el segundo cuarto, y la situación marcha de maravilla para Davis, cuando de pronto, al final de una jugada, recibe una monumental patada en la cabeza y pierde el conocimiento.

Por supuesto, esta clase de cosas suceden a menudo en el football, y después de recobrar el conocimiento, Davis les dijo a todos que se encontraba bien. Regresó a su posición sólo para darse cuenta que el mundo se había convertido en tinieblas. Mientras la mayoría de nosotros hubiéramos mojado nuestros pantalones pensando que moriríamos o que el apocalipsis había llegado, Davis simplemente se dió cuenta que se había quedado ciego, y lo único que se le ocurrió pensar en esos momentos fue: ¡Demonios! ¿quién se queda ciego en un Super Bowl?

Al menos no tendría que ver más a los fanáticos de los Empacadores.

Al menos no tendría que ver más a los fanáticos de los Empacadores.

Es en estos momentos donde probablemente te tomarías un momento para reflexionar sobre tu vida — una persona mentalmente sana no debería permitirse recibir golpes tan fuertes, que sus ojos dejen de funcionar. Después de palparse cuidadosamente la cara para verificar si sus ojos continuaban dentro de su cráneo, Davis fue a sentarse unos momentos, casi inmediatamente después, el coach le dijo que lo necesitaban de regreso en el juego. Así que regresó al campo (por supuesto) y realizó una jugada, incapaz de ver una maldita cosa.

Los entrenadores después arrastraron a Davis de regreso a los vestidores y le administraron medicamento para la migraña (la pérdida temporal de la visión puede ser un síntoma de dolores ocasionados por la migraña, algo de lo que Davis padecía en ocasiones). Davis permaneció sentado durante probablemente los 15 minutos más largos de su vida, preguntándose si así terminaría su carrera, si sería recordado como el jugador que fue golpeado tan fuerte que perdió la vista durante el Super Bowl.

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Cuando finalmente pudo ver algunas sombras frente a él, Davis regresó al campo para la segunda mitad del juego. ¡Y dominó completamente! — Davis arrasó con 103 yardas adicionales y dos touchdowns, logrando un total de tres. Para darles una idea de la grandeza de Davis, la mayor cantidad de touchdowns anotados por un corredor que no sea Terrell Davis en la historia de los superbowls es: dos.

#3. El jugador de Hockey Clint Malarchuk se rebana la vena yugular

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Cuando piensas en lo brutal que es el deporte del hockey, tiendes a pensar en las peleas a puñetazos, o en jugadores siendo aplastados contra el muro. Pero seguro pensarás que debe haber más historias de horror sobre este deporte, considerando el hecho de todos los jugadores usan patines tan afilados como navajas de afeitar. Bueno, uno de ellos casi sufre una sangrienta muerte debido a ello.

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Era Marzo de 1989, Búfalo se enfrentaba a San Luis. Malarchuk se encontraba en la portería, luchando para evitar una anotación del contrario, cuando de repente Steve Tuttle del equipo de San Luis pierde el equilibrio y cae. El patín de Tuttle alcanzó a Malarchuk rebanando su vena yugular. Leyeron bien, su maldita vena yugular.

La sangre comenzó a salir a borbotones de su cuello, el espectáculo fue lo suficientemente grotesco como para provocar ataques cardíacos entre miembros del público al tiempo que algunos jugadores vomitaban sobre el hielo.

"Debí quedarme en mis clases de golf."

“Debí quedarme en mis clases de golf.”

En este caso, cualquiera que no fuera una bestia canadiense jugadora de hockey, habría muerto en cuestión de minutos traumatizando a miles de espectadores para siempre. Malarchuk no hizo ninguna de esas cosas (al menos no la primera). Malarchuk logró controlar la hemorragia introduciendo su propio guante en la herida abierta (tal vez esto no suene tan sorprendente, pero consideren que estos guantes son verdaderos ecosistemas de bacterias).

Malarchuk salió de la pista con toda la calma posible — “lo hice para que mi madre, (quien veía el juego desde su casa) no viera como su hijo se desangraba hasta la muerte” — mientras el entrenador ponía una toalla sobre la herida hasta que Malarchuk pudiera llegar a la sala de urgencias.

El accidente traumatizó tanto a la toalla que se suicidó 3 días después.

El accidente traumatizó tanto a la toalla que se suicidó 3 días después.

Noventa minutos de cirugía y 300 puntadas más tarde, los doctores consiguieron salvar su vida. Y Malarchuk, sintiéndose tremendamente bien después de haber golpeado a La Muerte justo en las bolas, no permaneció en una cama de hospital inyectándose morfina, como cualquier marica lo hubiera hecho. Pasó una sola noche en el hospital y regresó a practicar, cuatro días después. Tan sólo una semana después de su ligero accidente, estaba de regreso en su portería.

¡Demonios!, ¿quién podría superar algo como eso?. Bien, ya lo veremos…

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